Siempre en esta montaña rusa, arriba y abajo... Siempre con la sonrisa a medias...

Y esa sensación general de nimiedad... puro nihilismo

Quería hablar contigo desde hace tiempo, y al final ha tocado hoy porque ya no puedo esperar más. Sabes que mi tiempo pasa más rápido que el tuyo y mi constante sensación de inminencia me empuja a resolver y decidir ya, con riesgo de precipitar todo. De todas formas esto era inevitable.

Sabes que soy muy pesado hablando. Apenas lo hago normalmente pero en el momento en que siento que puedo o que la otra persona quiere que hable, cuesta callarme. Ya lo sabes, vivo habitualmente contenido y vivo intensamente: es una combinación imposible que antes o después estalla.

Sólo te pido una cosa antes de empezar: que me dejes terminar. Me gustaría no mirarte cuando lo haga pues no quiero que me desanime tu expresión pero eso sería demasiado cobarde. Y esta oportunidad sólo la tendré una vez.

¿De acuerdo?

Estoy enamorado de tí. No hay más misterio ni más profundidad. Es así de normal y así de topico. No voy a decirte que es desde el día en que te conocí no sólo porque esto parecería una broma sino porque no es cierto pero tengo muy claro que ese día comenzó todo. Y no lo olvido.

Sé que lo que estoy haciendo es un acto terriblemente egoísta. Lo asumo como la máxima expresión de libertad a la que puedo aspirar. Y asumo que las consecuencias serán muy probablemente nefastas porque tú no sientes nada por mí. Después de tanto tiempo y por muy inepto que soy para esas cosas debería haberme dado cuenta de algo. Y no hay nada. Por eso es egoísta porque decírtelo sólo vale para mí, para mi liberación, para mi sosiego.

Y además de egoísta es un acto irracional pero yo no decidí enamorarme de tí voluntariamente. Así que asumo también que esta charla es un punto y aparte, quizá final, entre nosotros.

Sé que voy a perderte, quizá no del todo pero sí mucho. Voy a perder toda tu confianza, toda tu espontaneidad, todo tu cariño de amiga para convertirnos en unos conocidos incómodos. Quizá sólo sea un tiempo, quizá sea para siempre, pero en todo caso lo pierdo todo.

Y no creas que no lo entiendo. Yo soy así: mi intensidad es destructiva per se. Y sé que tu lo sabes. Y por eso ahora mismo estás nerviosa, incluso violenta. Creo que comprendes perfectamente las consecuencias que lo que estoy diciendo implica.

Pero no te preocupes. No voy a resultarte más incómodo que lo que tú decidas. Yo ya lo perdí todo una vez y lo volví a perder el día en que me dí cuenta de verdad de que no sentías nada por mí. Y no tengo tiempo para seguir intentándolo contigo.

No hay más sorpresas, yo soy así como me conoces. Si no ha dado resultado ya nada podrá cambiarlo.

Por eso no voy a hacerte sentir peor. No volverás a verme si tu no quieres. Y si lo haces, no tendrás de que preocuparte. Yo seguiré sintiendo lo mismo pero no perderé un segundo en recordártelo. Y así hasta que se acabe. Pues inevitablemente, tal y como llegó, se irá.

Lo siento mucho pero no he podido ser valiente. No he podido aguantar más y me he rendido. Siento mucho que hayas tenido que pasar por esto, siento mucho haberte golpeado tan directamente y créeme que haré todo lo posible por compensarlo si tú quieres.

Al menos, si eso puede servir de consuelo, pudes sentirte contenta: eres única. Preciosa por dentro y por fuera. Especial. Y has conseguido que alguien viera todo eso y creyera que era lo más bonito que ha visto nunca. Has conseguido que alguien, por un tiempo, volviera a tener cierta esperanza, redescubriera cosas ya olvidadas y fuera un poco menos infeliz.

Yo lo he sido. Y si ahora lo pierdo todo no es por culpa de nadie. Era algo que tenía que acabar y que recordaré siempre.

Ahora es cuando tenemos tres opciones: hablas tú, nos terminamos este café y nos vamos juntos hasta el bus o lentamente recojo mi abrigo y me marcho, para siempre.

Siento que tengas que elegir pero yo no pude hacerlo...