Siempre existe la ilusión que puedes controlar una erupción. Al menos, una vez. Nada más falso. Inherente a la erupción está el concepto de violencia, de espasmo, de furia. Nada menos controlable.
A veces, los sentimientos también son así. Concebimos falsamente la idea de poder controlarlos, dirigirlos. Nada más falso. Verdaderamente nos controlan. Violenta es la actividad del escritor, tanto más frenética cuanto mejor aprecia cómo van tomando forma sus sentimientos en el papel. Espasmódicos son los latidos cardiacos cada vez que un recuerdo, un olor, un gesto, un susurro afloran en tu mente proyectando imágenes irreales que desearías aprehender y conservar para siempre. Furiosa es la indignación de sentirte incomprendido o de no poder ser comprensible, términos que en mi caso son absolutamente equivalentes.
¿Por qué ella no contestó?. Quizá mi mente retorcida no acepte las más común de las explicaciones, intentando dotar así a todo el conjunto de un aura ideal de perfectibilidad, de platonismo, de romanticismo atormentado… ¿Podría ser esa una explicación freudiana de la propia mediocridad?, refugiarse en disquisiciones casi metafísicas convirtiendo todo en sublime y por tanto, mucho más soportable pues lo vulgar, es siempre prescindible?. ¿Quizá no tenga nada que aportar? ¿quizá no tenga nada que decir? ¿será su silencio rechazo? ¿será su silencio tácita aceptación?. ¿qué querrá decir o no decir?.
Aunque está muy claro que lo peor puede llegar: ¿y si dice?.
“las palabras habían ejercido un efecto saciante en K. Cómo si de un auténtico banquete hubiera sido, la sensación de plenitud era casi agobiante. Hacía tiempo que no sentía nada igual y a veces, esa sensación produce arrepentimiento. A veces hasta remordimiento.
“¿Qué has hecho K.? ¿Qué has hecho?”. Frotándose las patas como si de un sucio usurero se tratara satisfecho ante el pago de unos cuantiosos intereses, repetía sin cesar esa frase.
Los jugueteos de su hermana y el ayudante le llegaban tras la habitación contigua. “ayudante!” gritó. Pero no recibió respuesta. Sobre el escritorio reposaba la segunda acta: “indicios de cooperación. Receloso.”
“Quiero hablar! Quiero contarle!”. Ni una palabra.
K. se sentía como un perfecto imbécil. Preso de una furia reptante, comenzó a embestir la puerta del cuarto de su hermana. Aquella puerta debía abrirse.”
No todos los sentimientos explosionan. No todos los sentimientos nos controlan, ni todos nos descontrolan. Solo una parte. Una pequeña parte de ellos. Los que toman la forma de pasión. Los que no encuentran otra vía de escape que convertirse en volcán. Los que no encuentran otra forma de comunicación.
Uno puede intentar evitar la explosión. Y puedo no conseguirlo. Así es la vida. Así es la realidad. Uno puede intentar mantenerse alejado de la vida. Y fracasar en el intento.
Así es la vida. Así es la realidad.
Lo que uno sabe después de que la explosión haya ocurrido es que el resto de sentimientos, los que estaban allí agazapados, sin haberse llegado a convertir en pasión desenfrenada, son los que nos ayudan a sobrevivir cuando todo ha estallado.
Y cuando no hay más pasión que los restos de un naufragio.
Claro que la pasión no es inevitable. Es inesperada. Es involuntaria. Pero no es inevitable.
Puede quemarse en sí misma. Puede arroyar. O puede explosionar de golpe.
Todas duelen. Ninguna mata.
No es Ley de Vida. Es la misma Constitución Vital.
A lo largo de mi vida y a lo ancho de algunos de sus momentos, sentí que un sentimiento me desbordaba. Alguna vez era la muerte que se hizo presente. Muchas veces fue la locura, que me dolía. El silencio, la soledad no deseada -soledad-, la incomprensión. El silencio sobre lo importante -mientras hablaba sobre todo lo demás- parecía una careta fácil de llevar.
Pero no era sólo una careta, sino un escudo. No todo era negativo: el aprender a canalizar las propias pulsiones, el trabajar el autocontrol sin inhibir las emociones, el hacer felices a los demás mientras yo descubría cómo volver a serlo por mí mismo.
Comprender a los demás mientras me comprendía a mí mismo. Dar y recibir. Y aprender a valorar lo dado y lo recibido: no lo más grande es absoluto y lo más pequeño insignificante. Lo más pequeño es un anticipo de lo siguiente.
Crecer.
Sonreir de felicidad.
Sonreir mientras hasta que la sonrisa sea, pueda ser por lo que nosotros deseamos.
***
Intentar cuadrar realidad y deseo.
***
No me cabe duda que alguien como el autor de estos textos, de enorme creatividad y gran talento artístico, formado y con buen gusto, podrá encontrar apoyos en el mismo -y deseo que en los demás- para explotar su lado más feliz: explosión controlada, sentimientos que le hagan feliz, que aviven su voluntad, que él los rija mediante el uso de su prodigiosa inteligencia y brillante imaginación.
Eres lúcido en la oscuridad, artista del hambre y del silencio.
No me cabe duda de que lo serás también en la luz.
Cuenta con esta Alcachofa. ¿En qué puedo ayudarte? Tan sólo dime.
Di...
me pregunto donde esta K
Gracias por tu interés, bella Mariam. K. está por aquí, expectante, meditando, gestando un próximo post que no sabe cuándo publicará.
Gracias por seguir ahí.
Gracias por preguntar.
K. espera volver pronto...
Bueno...dejese de meditar y de gestar y de a luz de una vez cheeeeeee
Se lo extraña, asi que como diriamos en criollo por aqui, le diria a K : "DEJESE DE JODER Y VUELVA DE UNA VEZ"