Quizá porque las palabras se esfuman, desaparecen… quizá por eso callamos .Las dices y pronto se olvidan, antes o después, siempre.

¿Puedes llegar a sentir la inminencia de una catástrofe por amor? ¿puedes llegar a sentir el hundimiento de todo tu microuniverso, de todo lo que conoces, de todo lo que tienes y todo lo que eres, por el trastorno (no hay otra palabra cuando las consecuencias son tales) que te invade por una persona?. Es entonces cuando algún extraño mecanismo de supervivencia te hace reflexionar, como esas listas que hace la gente con pros y contras, y tras la suma de cada columna, toman una decisión. ¿Y si te equivocas? Nunca lo sabrás.

¿Quizá ahí esté la belleza de ese sentimiento tan intenso a la vez que devastador?.Si creemos que todo está conectado, la debacle no se produce sólo en tu mundo sino, al menos, también en otro. Y tal vez en más, pero no lo sabes… Vuelvo a la idea de intromisión, a la idea de irrumpir en la vida de alguien sin pretenderlo. Pero acaso te han pedido permiso a ti? Al fin y al cabo también han irrumpido en tu vida, aunque haya sido involuntariamente. ¿O quizá seas tú el que ha dejado una puerta abierta? O es más, ¿quizá estuvieras deseando que de algún modo alguien entrará de nuevo?. ¿Será azar?. Al final te consuelas pensando que sí, que no hay otra cosa que azar. Apareció, como pudo aparecer otra persona, en un momento determinado y tú, tú deseaste que pasara, prácticamente la estabas esperando, como un invitado cierto pero desconocido. Lo único que has hecho es usar la mirilla para confirmar…

Un invitado que no tiene ni idea de las consecuencias de una acción tan inocente como cruzar el umbral…

“Como una presencia intangible, el ayudante volvía a estar sentado frente a él. Su figura parecía verdaderamente imponente pero a la vez manifestaba toda la ordinariez posible de un funcionario, de un personaje gris y anodino surgido de una intrincada e interminable administración.

Señor K. realmente su vida no me importa, sólo quiero su declaración, escribirla y marcharme lo antes posible, sin embargo no puedo dejar de aconsejarle una mayor cooperación por su parte. El juicio ya está sentenciado, a pesar de ello puede todavía cambiar las cosas”. K. no sabía qué decir. La frase del ayudante le parecía tan absurda, tan vacía de contenido que por un momento sus ojos múltiples se pusieron en blanco, creyendo que el hambre que llevaba sintiendo durante días le estaba jugando una mala pasada…

Ehhh, sssssssssi, bueno…. K. no acertaba a pronunciar una frase inteligible. Ante esa situación ridícula, el ayudante tomó un sorbo de su taza de café humeante y mirando fijamente tras la ventana sentenció: “Todavía no se ha dado cuenta ¿verdad?. Ella debe saberlo lo antes posible. Usted no está siendo justo. No debió nunca ocultarlo”. Impulsado como un resorte, K. se irguió mayestáticamente, casi orgulloso de su envergadura de insecto y bramó un “Cómo!!!?????”.

Pero el ayudante no se inmutó. “Es usted un perfecto maleducado señor K., veo que sigue en sus trece”. Rápidamente garrapateó un “Sigue sin cooperar” y cerró de un golpe su diario. “Buenos días señor K.”

“No se vaya!!” gimió. Arrastrándose consiguió asirse al picaporte impidiéndole el paso. “Quiero que lo sepa, todo”. “Ella o yo? Inquirió el ayudante. “Todos” fue la única respuesta de K. mientras se refugiaba en las sombras de una esquina de su habitación. “Todos, todos, todos, todos,…”. Como si de una absurda nana se tratara, volvió a dormirse mientras el ayudante de un portazo abandonaba el frío dormitorio.”